13 Mar, 2018

Ayunos: no sólo agua

por Martina Rebull en Ciencia holística

Ya queda claro, hoy por hoy, que un exceso de grasa corporal debido a la ingesta de alimentos poco saludables y a una vida sedentaria aumenta el riesgo de padecer cáncer. Y se sabe cómo sucede: estos 2 hábitos promueven un desequilibrio metabólico, inflamación y la oxidación de nuestros tejidos.  Además, se produce un cambio de sensibilidad al estímulo de la insulina, una hormona con múltiples funciones, entre ellas regular el metabolismo del azúcar y de las grasas. Esta desensibilización a la insulina acaba produciendo cambios en los factores de crecimiento celular, que son los que determinaran un crecimiento tumoral.

La ciencia también deja claro que el riesgo de padecer cáncer podría reducirse con una dieta rica en vegetales (cereales integrales, verduras, granos, frutas, legumbres) y un consumo limitado de productos animales y de procedencia ecológica.

Y por si fuera poco, el estilo de alimentación no solo afecta al riesgo de padecer cáncer, también influye en el envejecimiento celular.

Nos preguntamos: ¿el no comer de qué manera afecta?

Se ha demostrado que la práctica intermitente de ayunos estimula la longevidad, la regeneración cerebral y el vigor físico si se hace adecuadamente. También baja el riesgo de sufrir múltiples enfermedades. Además, muchos estudios científicos demuestran los beneficios del ayuno durante la quimioterapia, ya que protege las células sanas y fragiliza las células tumorales al tratamiento. Este mecanismo selectivo de sensibilización celular ha sido estudiado y comprobado en cultivos celulares, en animales y humanos por Walter Longo, un prestigioso científico y médico de la USC (Universidad del Sur de California).

¿Cómo sucede esto? Las células tumorales están diseñadas para asegurar su crecimiento indefinido: consumen más glucosa (comida principal para las células) e ignoran las señales de freno del crecimiento celular (una de ellas: la disminución de la insulina).

Cuando ayunamos:

  1. Cae el azúcar (glucosa) en el cuerpo, lo que hace que disminuyan los niveles de insulina y en consecuencia un factor de crecimiento celular llamado “factor de crecimiento de la insulina”.
  2. Se produce una substancia llamada cuerpo cetónico, apta para alimentar a las células sanas, pero no a las tumorales.
  3. La disminución del factor de crecimiento de la insulina es una señal para que las células sanas frenen su crecimiento, señal que las células tumorales ignoran y continúan creciendo. El hecho que las células tumorales crezcan tan insistentemente las hace más susceptibles a la quimioterapia.
  4. Se activa el sistema inmunitario antitumoral.

Resumiendo: protección de las células sanas, suministro selectivo de alimento para ellas, desnutrición y sensibilización de las células enfermas.

Una observación importante para acabar: un ayuno no es solo agua. En condiciones de enfermedades importantes y tratamientos tóxicos es una estrategia a practicar bajo supervision médica y no todo el mundo puede hacerla. Existen otros abordajes menos intensivos que pueden simular un ayuno completo y adaptarse así a las circunstancias de cada persona.

Comentan: Natàlia Eres. Directora médica de imohe. Martina Rebull. Responsable de la Unidad Médico-Nutricional imohe

Fuente: Fasting vs dietary restriction in cellular protection and cancer treatment: from model organisms to patients Oncogene (2011) 1–12. 2011 (Pendiente publicación en 2018 de revisión actualizada por el mismo autor). Para leer el articulo al completo pulse aquí.